ENTREVISTAS CON ARTISTAS

Azucena Losana

Hongos y Cine: Un viaje fílmico por México

Bio

Azucena Losana, nacida en la Ciudad de México en 1977, es una artista multimedia con sede en Buenos Aires y la CDMX. Su formación incluye la Licenciatura en Artes Multimediales de la Universidad Nacional de las Artes (UNA) en Argentina, la Diplomatura de Preservación y Restauración Audiovisual (DIPRA) impartida por la Cinemateca y Archivo de la Imagen Nacional de Argentina (CINAIN) y la Universidad de Buenos Aires (UBA), así como talleres de cine experimental.

 

Ha colaborado con varios colectivos en México y Argentina, y su obra abarca el cine experimental, instalaciones y video. Además, gestiona y programa el CINEMA CINICO, una sala itinerante de proyecciones en fílmico, y ha trabajado como laboratorista en Arcoiris Super 8, un laboratorio de resistencia fílmica en Latinoamérica.

 

A lo largo de su carrera, ha recibido varios reconocimientos y becas, incluyendo el Tercer Lugar Premio Mamba Telefonica a las Nuevas Tecnologías, la beca de intercambio de la Universidad de Sao Paulo/UNA, la beca de creación individual del Fondo Nacional de las Artes de Argentina y la beca del Sistema Nacional de Creadores FONCA México, entre otros.

 

Sus películas se han presentado en festivales de renombre internacional, como el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, BAFICI, (S8) Mostra de Cinema Periferico, Kurzfilmtage en Oberhausen, Festival Age d’Or en Bruselas, y muchos otros. Su trabajo destaca por su enfoque experimental y su exploración de la forma cinematográfica.

Entrevista

– ¿Cómo te iniciaste en el mundo de los hongos y cómo este acercamiento ha influido en tu proceso artístico y audiovisual?

Hace tres años me mudé a Tepoztlán, un poblado en las sierra Chichinautzin a aproximadamente 70 km al sur de la Ciudad de México. Varios amigos se mudaron unos años antes que yo y quedaron fascinados por los cerros y su biodiversidad. Me sumé a esta pandilla de amigos micólogos y entusiastas del mundo Fungi. La época de lluvias comienza en el mes de Junio y termina en Noviembre. Con las caminatas de recolección se abre un camino de aprendizaje de muchísimas capas, tamaños y formas. Rápidamente sentí el entusiasmo de familiarizarse con las especies, reconocerlas entre la naturaleza y entender su relación con la lluvia, los árboles, el sol, el viento e incluso los relámpagos.

Esta conexión interespecie me hizo pensar mucho en lo colectivo y de cómo se relaciona con nuestro quehacer, con los otros cines latinoamericanos. Ya desde el primer año empecé a filmar. Llevar la cámara de 16mm al cerro no es cosa fácil. Además de que es un poco pesada, es difícil detener el entusiasmo de los hallazgos en el cerro para una toma, pero poco a poco aprendí a dirigir las tomas y a reconocer las especies para poder hacer mis caminatas en solitario, a mi propio ritmo.

– ¿Cómo surgió el proyecto Nanacatepec y qué significó para ti llevar a cabo la performance en la Berlinale?

El proceso de esta pieza comenzó hace algunos años, cuando cada una de nosotras estábamos trabajando en diferentes proyectos: Elena estaba filmando una pieza sobre la minería en México y su impacto en las comunidades y la naturaleza. Durante esta investigación pudo filmar áreas naturales preservadas por una comunidad en la Sierra Juárez en Oaxaca. Yo ya llevaba dos años filmando las recolecciones e interesándome en el tema de la coexistencia de especies conectadas al micelio y nuestra relación con este entramado. Nuestros viajes por estos territorios (normalmente con una cámara de 16mm en la mano) dieron como resultado una importante colección de imágenes que retratan la naturaleza, pero más concretamente con hongos, montañas y cuevas. No nos interesaba hacer una película de documental o de divulgación científica, sino profundizar en estas coincidencias para construir una pieza expandida. Postulamos a una residencia en Crater Lab, en Barcelona, España, que es uno de los seis laboratorios de cine dirigidos por artistas con enfoque en cine analógico que dirigen el proyecto SPECTRAL. Durante los meses previos a la residencia iniciamos una “fungiteca”, o biblioteca Fungi, para estudiar más a fondo el tema y encontrar cómo nuestros intereses aparentemente divergentes sobre la comunidad y el micelio estaban interconectados. Filmamos más imágenes, juntando ahora nuestras opiniones e ideas. Queríamos construir un lugar imaginario llamado Nanacatepec (montaña de hongos en náhuatl), una enorme roca que alberga cuevas y hongos, comunicándose tanto por debajo como por encima de la tierra con seres vivos y muertos. Una poética en torno al poderoso micelio y sus frutos, en forma de setas, como creadores y transformadores de todo en el mundo.

Pasamos un mes en Barcelona cortando, imprimiendo y revelando copias de nuestros negativos, para construir loops de 16mm que se proyectan en vivo junto a un set de musgos y líquenes que proyectamos a través de unos pequeños proyectores construidos con cartón, focos domésticos y lupas que ya veníamos armando en el Taller de Proyectores Precarios en Buenos Aires.

Uno de los programadores de la sección Forum Expanded ya había visto la performance de Elena y le interesó ver lo que estábamos armando, así que le enviamos el work in progress y ¡nos invitaron! Un gran logro colectivo para nuestra pandilla del cine expandido en este festival que no suele programar este tipo de piezas.

– ¿Podrías contarnos sobre tu próximo proyecto audiovisual, el cortometraje con los honguitos como protagonistas?

“Aliados” es un cortometraje que, a comparación de la performance, está enfocado en la interacción humana con las apariciones funghi en la montaña. Me interesa lo que ocurre con nuestra percepción al entrar en el modo pesquisa. Nos volvemos muy pequeños en la búsqueda de estos frutos espectrales que sabemos se están gestando debajo de nuestros pies. Estos seres fantasmagóricos invocan a los rayos y a las nubes y se intercomunican con los árboles. Aparecen como en pasarela todas las temporadas, casi siempre en el mismo orden, a recordarnos que los ciclos no son idénticos todos los años y que sus carnes pueden ser tan curadoras como mortales. Nos convertimos en recolectores a la par de las ardillas o los pequeños invertebrados. Todos tenemos nuestros spots secretos, nos brillan los ojos por igual ante un hallazgo debajo de la hojarasca, o brotando de un tronco. Lo cierto es que una vez que nuestros sentidos se relacionan con alguno de estos espectros se abre un pequeño portal que nos vincula con todo lo que hay en ese espacio, como una llave que nos permitirá verlos en foco la próxima vez que los busquemos.

Tuve la fortuna de trabajar con Alan Curtis, un músico experimental argentino que admiro muchísimo y que le sumó mucha magia espectral a la pieza. También tuve la suerte de colaborar con Carlos Domville, un escritor extraordinario que además es de la pandilla honguera de Tepoztlán y que escribió la sinopsis de la película con esta poética de la fantasmagoria:

 

 

Más allá de los gigantes árboles, los sutiles helechos, las hambrientas cavernas y las generosas cañadas,
en los bosques hay voces que enraízan a quien visita estos paisajes.
Son los ecos de un tiempo más bestial y justo,
donde un rayo es un dedo divino y una nube es un cobijo.
Es en este escándalo de magia razonable y fantasmas vivos
donde el cielo se desdobla hacia abajo y preña a la tierra de colores comestibles, medicinales y mortíferos.
Las lluvias son el concilio de los dioses.

 

CARLOS DOMVILLE

– ¿Qué mensaje de los hongos te gustaría transmitir a nuestra comunidad?

Es muy emocionante sumarse a una comunidad que se interesa en este reino que ya naturalmente nos habla de lo colectivo. Me doy cuenta, ahora que estoy trabajando en este tema, de que a pesar de que hay un mayor interés mundial en reivindicar al reino fungi, la gente en la mayoría de las comunidades que he visitado, han perdido la transmisión de saberes para la recolección de los hongos comestibles, ¡que en México son más de 200 especies diferentes!. Es una pena que en un país con tanta biodiversidad como el nuestro la idea de hongos se concentre casi siempre en los psilocibes.

Hay mucho trabajo por hacer, pero creo que hay cada vez más curiosidad, sobre todo en las nuevas generaciones. El espíritu colectivo ayuda mucho a que las principales fuentes de información estén muy a la mano, así que una vez sembrada la inquietud se reafirma el dicho de que “El que busca, encuentra”.